lunes, 4 de marzo de 2013

Reencuentos

No sé que me pasa ultimamente, desde hace cosa de un mes y medio están reapareciendo personas en mi vida que por distintos motivos habían salido de ella.
Hoy ha sido cuando realmente he tomado conciencia de  ello, la persona que he visto me ha dejado totalmente bloqueada, casi sin darme cuenta estaba lagrimeneando en medio del supermercado. Me he encontrado con alguien a quien apreciaba mucho y por algo que le sucedió a ella, de lo cual yo no tenía culpa alguna, decidió romper con todo aquello que le recordaba a aquello que le había hecho daño, en todo aquello me incluyo a mi. Cosa que respeto, en parte entiendo, pero no comparto. 
Hemos iniciado una de esas conversaciones incomodas en las que no sabes que contar y en realidad se lo quieres contar todo, pero era tal su incomodidad que no me atreví a decirle lo mucho que le eché de menos. En su día lo hice pero no me escucho, pensé que necesitaba tiempo y después me acostumbré. Con lo único que me quedo son con los buenos recuerdos que me dejó, lo mucho que me ayudó cuando más lo necesitaba y lo guapa, feliz y estupenda que la he visto hoy.
Lo sorprendente es que hace un mes y medio que son muchos los reencuentros que he tenido, casuales y premeditados, directos e indirectos y  para nada hablo de reencuentros en el terreno sentimental, eso son otras historias, hablo de personas que se han ido a vivir fuera, personas con las que decidí poner distancia, personas que decidieron ponerla conmigo o con personas con las que simplemente deje de coincidir. El caso es que hoy me dado cuenta que no puede ser tanta la casualidad.
Lo primero que he pensado es que algo va a pasar, esto de cerrar tantos asuntos pendientes algo tiene que traer, o me muero o la vida me va a pegar un cambio muy bestia. Yo misma he llegado a la conclusión que se trara de lo segundo, mi base cientifica es que ultimamente he tenido unos sueños geniales, incluso he buscado el significado en Internet y me anunciaban buena fortuna. Es de risa, lo sé, soy conciente de mi locura pero que voy a hacer si mi cabeza se ha dispara.  He pensado en todo aquello que tengo a medias y  en empezar  hacer llamadas. Por aquello de ir adelantando acontecimientos, por suerte esta enajenación  suele durar poco y al razonarlo lo he visto todo de otra manera.
El caso es que todos esos reencuentros me han despertado muchisimos sentimientos. Indiferencia, pena, nostalgia, alegría, perdón, respeto.  Todos son sentimientos ordenados y razonados que en su momento no supe catalogar. Con todo esto he aprendido que aquello que decía mi madre era verdad, el tiempo todo lo pone en su sitio. Para alguien tan visceral, impulsiva e impaciente como soy yo, llegar a esta conclusión parece increíble. Me pregunto si me estaré haciendo mayor. Yo creo que no, solo un poco mejor. He de reconocer que al cerrar un capitulo, una se queda realmente tranquila.


domingo, 3 de marzo de 2013

Lotería

Hoy me he despertado esperando que me pasara algo que me alegrara el día. He mirado el móvil, eran las diez de la mañana y mientras aquello que tenia que pasar llegaba me he quedado en la cama hasta la una del medio día. Evidentemente no me ha pasado nada de nada. Para ser exactos de diez a doce me he vuelto a dormir. Pero de doce a una me he dado cuenta del tiempo que estaba perdiendo. Quiero pensar que ese tiempo perdido no ha sido para nada en vano porque me ha motivado a volver a escribir este blog.
He observado la tendencia que tengo en dejar que los demás sean dueños de mi felicidad o mis estados de animo. Esperando respuestas o sucesos siempre externos que rompan  mi monotonía o me den aquello que me falta. En lugar de ser yo quien los proponga.
Sin ir más lejos ayer, estaba con el mismo propósito que el de esta mañana, tirada en la cama sin hacer nada y con mil cosas pendientes de hacer. Recibí una llamada con plan, solo consistía en ir pasear por la playa, primero lo decliné, acto después me lo pensé y volví a llamar aceptándolo.
No fue un gran plan, paseé por la orilla del mar una hora, me moje hasta las rodillas, también los pantalones, tome el sol y comí en una terraza.  Fue un plan, fue algo distinto que me alejó de la monotonía.
Nuevamente fue un plan que llegaba desde fuera, no era algo que yo organizara para sentirme bien y cargar pilas, como ciertamente aquello me proporcionó.
Hoy me he pasado una hora filoseando en la cama. He pensado en aquel al que le toca la lotería, ese seguro que es feliz y es por algo externo, luego me he dado cuenta que a esa persona no le toco la lotería porque si, le toco porque fue a comprar el boleto, ese suertudo hizo algo pequeño para cambiar las cosas.
Ahora en tiempos de crisis oigo lamentaciones en casi cada esquina, todas ciertas pero poco creíbles a mi modo de ver. Hace una semana fui a una manifestación por las calles de Barcelona, yo tengo trabajo, seguro medico que me paga la empresa, un alquiler bueno que me permite vivir sola sin depender de nadie, francamente vivo bien. Pero la situación actual me tiene preocupada, me planteo que clase de vida dejaré en herencia a mis "hijos" y lo peor que me esperara a mi mañana. Si algo tengo claro es que todo mi bienestar puede cambiar de la noche a la mañana. Sin depender para nada de mi. Y desconforme con esta situación salí a la calle, eramos muchos pero en realidad eramos muy pocos. Todos aquellos a los que oigo lamentarse, les han cogelado el salario, les han despedido, se quejan de la educación de sus hijos ¿Donde estaban?
Es lo que que digo, la mayoría queremos que las cosas buenas vengan, pero que vengan de fuera, no perdemos el tiempo comprando nuestro boleto de lotería, eso sí, lo perdemos tirados en el sofá o viendo un partido con los colegas.
Estos para mi son claros ejemplos de la dejadez del ser humano, claro que yo me incluyo en ese montón, o me incluía en el, al menos hasta este medio día.
He decidido que a partir de ahora voy a comprar lotería todos los días, es una forma de hablar, no voy a convertirme en una ludópata, pero si que voy a obligar a hacer algo todos los días por mi que me haga sentir bien, si después también llegan cosas buenas de fuera, bienvenidas sean, pero eso sera un extra.
Para cambiar una actitud dicen que solo se necesitan veintiún días, yo he empezado hoy, dentro de tres semanas veremos que tal va. Hoy he empezado por poner dos lavadoras, prepararme uno riquisimo plato de pasta  y escribir en este blog.
 
 
 
 


sábado, 2 de marzo de 2013

Verdad

Es curioso los mecanismos de defensa que nos inventamos para no hacernos daño, es aquello que yo suelo decir de la negación. Hace un par de semanas ante un determinado comportamiento creí tomar una decisión en plan súper mujer, segura de sí misma y de lo que quiere. Lejos de la realidad en ningún momento me tome enserio las consecuencias. Eso si yo me reafirmaba en un orgullo que a mi misma llego a sorprenderme. No  porque no crea que merezco lo mejor pero me sorprendió reafirmarme en rabia, soberbia y prepotencia, esa no soy yo.  
Hace unos días me dí cuenta que no había sido yo la que había marcado el tiempo, me habían disfrazado la verdad y yo me lo había creído, me habían marcado claramente un punto y final. Cuando yo tomo una decisión, sea la que sea, no espero jamás respuesta de los demás, suelo sentir que tengo por delante un nuevo camino y esta vez no me sentía así.
Al abrir los ojos no había lugar a rabia, ni penitencia, la verdad  por mucho la disfracemos, cuando te enfrentas a ella duele. Pero duele una sola vez, no más, el tiempo que te estanques en ese dolor, eso ya es cosa tuya. En cambio cuando la disfrazas hasta que llegas a descubrirla es un camino muy duro, donde tus sentimientos están sometidos a una montaña y cuando al fin tocas fondo te sientes realmente agotada. En ese punto lo reprochable son los disfraces, los edulcorantes y la compasión.
Entonces es cuando me pregunto que es lo realmente me duele, la verdad o la falta de sinceridad.
Hoy he recibido una llamada realmente inesperada de una de las personas más sinceras que se han cruzado en mi camino. Y lo digo porque yo sufrí las consecuencias en primera persona de su sinceridad, cosa que no me gusto ni un pelo pero que jamás me reprochó y respetó. Ha pasado de aquello casi un año y mis ultimas palabras puedes creerme, tampoco fueron muy cordiales, me falto decirle un ahí te pudras, ahora dudo si llegue a decirlo pero estoy completamente segura que lo pensé.
Te preguntaras que importancia puede tener una llamada de una persona con la que termine sin más. Y si realmente las cosas suceden por algo, esta llamada ha sucedido en el momento justo y necesario. Lo primero que he sentido al ver su nombre en mi teléfono ha sido respeto, el mismo que mostró hacia mi en su momento.
Es curioso ver que cuando no tienes nada que esconder se puede hablar de todo, sin rencor,  ni reproches, es más eres capaz de reconocer aquello que no supiste hacer bien sin  excusas, ni porqués, simplemente porque se te cuzaron los cables.
Estoy cansada de oír que soy buena persona, que tengo un corazón muy grande, etc.. puede que sea así tampoco me preocupa demasiado lo que piensen los demás, me preocupa solo dormir las pocas horas que duermo tranquila y eso solo lo consigo siendo fiel a mis sentimientos. El caso es que a veces tampoco he sido del todo sincera y he jugado disfrazar la verdad. Excusándome en aquello que jamás he mentido, solo he omitido hechos. Y que esos hechos fueron consecuencia de algo que me hacia sentir mal. Son simples mecanismo de defensa, de no aceptar la evidencia, en mi caso  reconozco que he sido una cobarde.
La única conclusión a la que he llegado es que cuando tu no eres sincera, no expones y no cuentas, la verdad te abofetea la cara tantas veces como te niegues a aceptarla.
Yo, estos días he tocado fondo, me ha costado pero he visto la verdad, me ha dolido y he fondeado lo que he necesitado. Hoy siento que me reafirmo de nuevo, esta vez desde la evidencia, sin esperar nada, ni a nadie, sin restricciones para no ofender, ni intención de quedar bien. Quien realmente te aprecia te habla claro aunque te duela.
Entonces ¿En que punto me encuentro ahora? Con la verdad en la mano, es cuando me ha tocado tomar decisiones y ahora si se plantea un nuevo camino.

martes, 19 de febrero de 2013

Evolución

Se dice que la inspiración nace de dentro y cuando el creador esta melancólico, herido, triste o simplemente un poco borracho, su ingenio se agudiza. Solo los verdaderos genios son capaces de transmitir sentimientos en cualquier momento indistintamente de cual sea su estado de animo.
Yo, soy una simple aficionada, no puedo negarlo y solo escribo cuando me mueve algo. Aunque he aprendido la lección, ya no hablo explícitamente de aquello que me trastorna y utilizo aquella sensibilidad para dar salida a otras cosas que no se apreciar en otros momentos. Como es ahora el caso.
Hace aproximadamente unos seis meses escribí una entrada de las que más orgullosa me he sentido desde que inicie esta pagina. No sé si la recodáis, se llamaba "Cambio". Ciertamente en esos momentos empecé una serie de cambios en mi vida que me daban bastante respeto.  Sentía miedo al principio pero decidí dejarme llevar. Casi lo conseguí y llegué a disfrutar de ellos. Pero de repente llega un momento en el que el cambio ya esta terminado y estar acomodado no es suficiente, entonces entra la evolución.
¿Ha que llamo yo evolución? El cambió ya se ha producido, nos hemos adaptado y acostumbrado a el, eso tiene claramente unas consecuencias, es el momento de evaluarlas. Supongo que la evaluación es fácil, solo tengo que ver si me siento mejor o peor que hace seis meses.  La verdad es que no sé la respuesta, lo que sí sé es que soy distinta. Yo realmente no he cambiado, sigo siendo Sònia Petònia. La que habla por los codos, la que se despista con cualquier cosa, la que canta a todas horas aunque lo haga fatal, la que tiene ese pronto tan malo y la que tiene una difícil relación con su GPS, esa soy yo. Bueno soy muchas más cosas y mucho mejores que estas pero estas son las primeras que se me han ocurrido que en estos seis meses no han cambiado, ni evolucionado y salvo mi relación con el GPS, cuando me compre otro mejor, no creo que nunca cambien.
Aun así sigo sintiéndome distinta, mejor dicho me veo de otra manera. Si bien empezaba a aceptarme con todos mis miedos, ahora sé la fuerza que tengo. He aprendido que mi genio sale cuando me siento herida, me defiendo y me protejo; que hablo porque me gusta la gente, que hay gente que necesita que le hable, esa misma gente que me escucha y me recoge cuando necesito hablar. Que me gusta cantar porque la música me da vida y tengo mucha energía y me despisto porque no soy ajena a lo que sucede a mi alrededor.
¿Valió la pena el cambio?  Yo  estoy segura que sí, puede todo haya ido genial o que el resultado no fuera el esperado, el que yo me proponía o por el cual me había ilusionado. Pero la evolución esa es la parte realmente importante, aquella que te abre la puerta a otro cambio o otra oportunidad, que no tiene que empezar hoy, ni mañana, todo llega en su momento pero te recuerda que siempre valió la pena haberlo intentado y si se da el caso valdrá la pena volverlo a intentar.


lunes, 11 de febrero de 2013

Los días enteros

Hace siglos que  no escribo, de verdad que lo echaba de menos, parece ser que últimamente no encuentro el momento para ordenar mis ideas. Esto tiene una parte positiva y otra negativa. Si no tengo un momento para dedicarme a escribir petoniadas, quiere decir que estoy muy ocupada, sin tiempo para dar vueltas a las cosas, pero a la vez, sin tiempo de poder apreciarlas o valorar las enseñanzas.
Cuando escribo en este blog, lo hago de mi y de mis pensamientos, es lógico. Soy de las que piensa que no puedo hablar de las cosas que no conozco por eso hablo de mis experiencias. El caso es que hablar de mi o lo que siento, es lo que hago siempre, eso me convierte en una persona bastante egocéntrica. Supongo que quien me conoce lo sabe, quien me quiere me acepta y el resto me respeta o directamente me ignora.
Bien es cierto que una no puede pasarse el día pensando en los demás, pero si encontrar el equilibrio, aprender a callar y saber escuchar. Eso seria lo ideal. Pero he de ser sincera conmigo misma, yo soy así.
Es algo de lo que una no se siente orgullosa pero se acepta tal y como es. Sinceramente creo que hasta que no eres capaz de reconocer tus defectos, no puedes encontrar la manera de compenasarlos, en el caso que sea necesario, e incluso ver la parte positiva de los mismos.
Nos empeñamos en ver la parte negativa de los defectos pero muchos veces esos defectos son esas virtudes que te diferencian del resto de las personas y te une a otras como tú de peculiares.
Me sorprende la seriedad con la que he iniciado este post, al principio iba con miedo, hacia tanto que no escribía que no sabía si sería capaz de ordenar ideas. Y todo ha empezado a fluir al recordar algo que me ha sucedido esta mañana y me ha hecho ver que no tengo remedio. Pero tampoco voy a darle más importancia de la que tiene. Para que hacer caso a medio días, habiendo días enteros.
Esta frase me la dijeron por primera vez hace mucho tiempo en un contexto de bromas y risas. Y el paso del tiempo me ha enseñado a entenderla.  Yo suelo aplicarla cuando me da la gana y en distintos contextos. Pero de todos extraigo la misma conclusión, no dedicar tiempo a aquello que no vale la pena, habiendo cosas que si la valen.
Creo que por eso la digo tanto, porque a veces lo olvido y me despisto con cosas que no me generan buenos sentimientos y esta frase me recuerda aquellas cosas que me hacen sentir bien. Quería compartir esta frase en mi blog, puede que siempre este hablando de mi y  muchas de las cosas que cuento no son interesantes pero hay otras que vale la pena compartir.

 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

De noche

Envidio a aquella gente que es capaz de dormir toda una noche de lo que vulgarmente se conoce como " dormir del tirón". Puedo recordar alguna situación límite en la que he sido capaz de dormir sin despertarme ni una sola vez, vamos recuerdo una concretamente que no me desperté ni cuando sonó el despertador, llegue a trabajar a las doce de la mañana. Claro que eso fue en una ocasión y por un caso excepcional.
A lo que sí estoy acostumbrada es a despertarme una o dos veces cada noche,  ahora, ya lo llevo bien. Los primeros años de mi vida fueron duros, para mi madre más, pasó de los llantos de un precioso bebe, a los gritos de una niña repelente diciendo "Mamaaaaaaa, tengo sed". La pobre, con lo que a ella le gusta dormir, me lo consintió unos cuatro años, hasta que un día me dijo "te dejé el vaso en la mesita, no me molestes más". 
En esa época empecé a darme cuenta que no se trataba de sed, simplemente me había despertado y no me podía volver a dormir. Recuerdo un día que fui a la cama de mi madre llorando diciéndole que se me había olvidado dormir.
Y es que llega un punto en el que asumes que no te vas a dormir porque a ti te de la gana, ni porque al día siguiente tengas que madrugar, da igual que estés cansada o vayas relajada, eso no depende de ti, te quedas en la cama dando vueltas esperando que te vuelva a visitar el sueño, mientras tu cabeza se dedica a pensar.
Pensar... pensar es malo, muy malo, bueno aclaremos el contexto, es malo a las tres de la mañana, cuando todo el mundo esta durmiendo y solo te acompaña el silencio.
En esos momentos en los que físicamente estas reventada, la oscuridad de la noche solo trae con ella pensamientos negativos. Empiezas repasando tu día. Todos los días pasan cosas buenas y malas, recordemos que seguimos estando en mitad de la noche, en esos momentos no sé porque, solo te acuerdas de las malas y después vienen de los porqués. Seamos sinceros, no hay respuestas para todo, pero de noche, como tampoco tienes nada mejor que hacer, las buscas, a veces las encuentras y si no te las inventas.
Hay otras noches que te da por filosear, piensas en la vida, en la muerte; otras te montas películas o indagas en secretos de la gente.
Este tipo de cavilaciones no siempre me hicieron bien, si bien es cierto que cuando sale el sol muchas veces los malos pensamientos se disipan, muchas otras esa negatividad queda impregnada el resto del día.
Como ya me conozco, cuando veo que la mente se me dispara, me levanto de la cama y me pongo el televisor, a veces leo libros o escribo y si es tan tarde que se puede decir que es temprano he llegado incluso a ponerme a limpiar la casa.
Estoy describiendo el caso más extremo, tampoco es justo,  la noche tiene cosas buenas y malas, como también la tiene el día. De noche me nace la inspiración, de noche me acuerdo de las personas a las que quiero,  de los que están y de los que se fueron. Es ese momento en el que paras toda esa actividad frenética que tienes durante el día y te encuentras contigo misma.
Si bien es cierto que descansar es necesario y posiblemente sea esa mi gran queja, el insomnio no me deja descansar, es igualmente necesario escucharte. Hay personas que van por la vida sin preguntarse nada. Respetable, cómodo pero insustancial.
De mis noches de insomnio y sus grandes cavilaciones han salido las decisiones más importantes de mi vida, que solo la luz del día me han dado la serenidad o la fuerza para llevarlas a cabo.
Al final me doy cuenta que solo depende de mi adaptarme a las circunstancias, podéis preguntaros porque no tomo nada para remediar mi problema, a veces lo hago, solo cuando veo que la situación se me va de las manos, noches enteras sin dormir o cansancio extremo. El caso es que me he acostumbrado a mis despertares. Ya forman parte de mi,  puede que ellos me enseñaran a escucharme, ordenar mis ideas y poder plasmarlas en este blog.
Dicen que cuando no puedes contra el enemigo, la mejor opción en unirte a el. Puedo extraer la conclusión que todo lo malo tiene su parte buena, solo depende de una encontrarla. Puede que mis ojeras hoy no queden del todo disimuladas con el maquillaje y esta noche tenga que recurrir a la valeriana, pero de mi despertar de anoche nació este post.

domingo, 21 de octubre de 2012

Sin obligación.

Hace unas horas empecé a escribir un post, cargado de negatividad e ironías, uno de esos de brillante inspiración que si lees detenidamente puedes ver mi alma al desnudo.
Hacia dos meses que no publicaba nada, no me parecía bien que después de tanto tiempo sin decir nada terminara publicando algo que dista tanto de mi, solo porque he tenido una mala semana. Así que cerré mi portátil, me fume un cigarro y decidí volver a empezar.
Sera entonces verdad aquello de lo que tanto he presumido este ultimo año y finalmente he madurado. Parece ser si, finalmente aprendí a digerir distintas situaciones y sentimientos que sin perder el norte.
Durante muchos años no he sabido controlar, ni gestionar, correctamente mis sentimientos, cuando algo fallaba, todo en cadena iba mal. Me excusaba diciendo que no lo podía controlar, sinceramente  tampoco era una excusa, era una realidad. Jamás me había propuesto realmente  controlarlo.
Pero un día hace aproximadamente un año que no podía levantarme de la cama, me dí cuenta que había tocado fondo y aquello no podía volver a pasar. El detonante de aquella espiral de negatividad había sido una tontería pero terminó paralizado mi vida, como muchas otras veces había pasado ya.
Entonces empecé a cambiar la manera de hacer las cosas, deje de preguntarme por que y comencé a preguntarme que es lo que me pasaba. Voy a explicarme mejor, ante un disgusto deje de preguntarme porque me había pasado eso a mi y empecé a preguntarme realmente cual era mi sentimiento. No es lo mismo sentir rabia que impotencia, ni sentirte triste que decepcionada.
Una vez había aprendes a identificar el dolor tienes más herramientas para neutralizarlo. Es como cuando te duele la cabeza no te vas a poner venda en ella, te tomas ibuprofeno y este al rato desparece, pero si te pones una venda en la cabeza, esta te seguirá doliendo y la presión de la venda terminara por resultarte incomoda. De la misma manera que si tienes la gripe no puedes tomar nada, tienes que esperar a que el virus complete su ciclo y guardar cama.
De todo al final se aprende de lo que lees, de lo que ves y de lo que a ti te pasa, claro que es mucho mejor aprender en los dos primeros casos pero es en este ultimo en el que la lección queda asimilada con sobresaliente.
Releyendo mis palabras me doy cuenta del tono serio que han tomado, lejos de la realidad que yo pretendo expresar, supongo que me expreso en tono sosegado y reflexivo que es como me siento ahora mismo. Producto único y exclusivo de haberme dedicado un fin de semana exclusivo para mi. Hacia tiempo que no me lo dedicaba y no me escuchaba tan detenidamente, me echaba de menos. Me molesta que haya tenido que tomármelo después de una mala semana, puede que esa sea la única manera que tenga actualmente de ponerme freno. Yo suelo ir acelerada, pendiente de cuarenta cosas a la vez y este fin de semana me he recluido en casa, solo he hecho aquello que me apetecía, que ha sido nada.
Así que tengo tres lavadoras por poner, platos que fregar en la cocina y dos dedos de polvo mueble del comedor. Lo mejor de todo es que no me preocupa nada. Se que lo voy a hacer todo hoy, no porque sea mi obligación, solo porque me gusta ver las cosas recogidas.
Cuando las tareas las realizas porque es tu obligación se vuelven pesadas y las haces de cualquier manera, la diferencia esta en hacerlas pensando lo que ellas te aportan, ver mi casa ordenada me transmite tranquilidad, como también me la transmite el olor a sabanas limpias.
Creo que toda mi vida ha estado cargada de obligaciones y tareas pendientes. Todo parece empezar desde la tierna infancia ya tienes que empezar recogiendo los juguetes, sigues en el colegio sus deberes, exámenes y demás mierda,  hasta que un día te pones a trabajar, te independizas y solo pagas facturas.
Puedes ver el aspecto negativo a todo esto, solo vivo para trabajar y pagar facturas, el caso es que yo lo miro desde otro ángulo. Trabajo para poder vivir, pago las facturas de aquellas cosas que me hacen que mi vida sea más cómoda. Tampoco ahorro un duro, faltaría más, yo me lo gano, yo me lo gasto, lo que me queda claro.
Puede que me este volviendo demasiado pasota y me haya montado la vida a mi manera, no es la primera vez que oigo "Sonia, de mayor quiero ser como tu", tampoco lo recomiendo y la verdad me asusta que la gente me diga eso y  más si son mayores de cincuenta.
Es lo que me faltaba a este fin de semana, mi fin semana, publicar después de dos meses, no he contado nada trascendental, como siempre me expongo pero nadie se imagina lo que me libera eso.
De nuevo entrando en el tema de las obligaciones, estos ultimos tiempos me obligue solo a publicar algo que realmente valiese la pena, cosa que dista mucho de la idea por la cual inicie este blog, evidentemente creo que he ido ganando en calidad, lo que también me pregunto si perdí mi esencia.
Es lo que decía, tenemos cientos de obligaciones impuestas ya desde pequeños, tenemos también que obligarnos y ponernos normas en el resto de circunstancias de la vida.
A mi me relaja escribir, escribo mucho, pero si aquello que escribo no es bueno lo borro, lo rompo o lo tacho. ¿Por que?
Puede que dentro de la palabra obligación hemos añadido la ambición, la perfección o simplemente tradición. De lo único que si me siento obligada es a ser feliz y buscar esas cosas que me la proporcionan, el resto con el tiempo y un cubata solo son pamplinas.
Así que rompiendo con mis propias imposiciones, he vuelto a escribir algo que no cuenta demasiado pero en su esencia me acerca un poco más a mi felicidad. Hasta la próxima.


 
 
 

sábado, 25 de agosto de 2012

Cambio

Todos aquellos que me conocen saben que los cambios no son mi fuerte, de primeras mi naturaleza tiende a bloquearse y negarse a estos. Cosa que con reflexión y algunos casos porque no me queda otra, termino por aceptarlos y adaptandome a la perfección a ellos.
¿Quien lo diría de mi? ¿Como puedo tener aun esa resistencia al cambio, cuando en los últimos cinco años se ha transformado tanto en mi vida?
Yo, que en apariencia soy tan decidida y segura de mi misma, tengo identificada esa  negación inicial, es una forma poco usual de ocultar el miedo. Si no hay cambio me quedo como estoy. Suena extraño, sí, pero aunque la situación actual no sea del todo buena al menos sé que la controlo, lo nuevo es algo que no conozco, es entonces cuando se plantea ese nuevo reto, el momento que me invade el miedo, pavor a no ser capaz de adaptarme a él o lo que es peor, a equivocarme en una decisión que no tenga marcha atrás.
Esperar que las personas cambien suele ser un error, como me dijo una vez mi amiga Barbara "Sonia, la gente no cambia, la gente descansa", es entonces cuando suelo decir que lo que hacen las personas es evolucionar.
Realmente es eso la esencia de los cambios, la evolución. He cambiado de trabajo muchas veces, ese tipo de cambio siempre lo he elegido yo aunque jamás estuvieron exentos de ese miedo, alguna vez me equivoqué, otras veces acerté. Al final, con los años, llegue a la conclusión que esos cambios eran totalmente necesarios para mi evolución, en este caso profesional.
Hace un año mi jefe me pregunto si me veía trabajando en el mismo sitio dentro de cinco años, yo le respondí que no lo sabía, solo si allí me sentía bien.
Y es cierto que jamás cambiaré y seguiré sintiendo miedo cuando haya un cambio en mi vida, lo que mi evolución personal me ha enseñado es que los cambios son necesarios muchas veces para encontrar la felicidad.
Y son esas cosas las que me hacen sentir que estoy viva. Sentir miedo es humano, como también lo es sentir esperanza, ilusión y la satisfacción que produce saber que todo va bien.
Estancada en el miedo, llámalo también comodidad he vivido años totalmente sin evolución. Es fácil anclarse en eso, una parte de ti lo agradece. Estabilidad, adoro esa palabra, solo en la teoría pero a la práctica esa palabra suele convertirse en algo muy peligroso y es la resignación. Acomodarte a una rutina, acomodarte a que todos los días sean iguales, acomodarte a sentir el control de tu vida.
Durante este ultimo año me he dedicado a observar mis reacciones en función de mis sentimientos, mejor dicho analizar mis sentimientos para entender el porque de mis reacciones, esto me ha enseñado muchísimas cosas de mí, pero también me ha permitido observar más a las personas.
Me he dado cuenta que hay dos clases de personas, las que viven y las que sobreviven. Las que viven, pueden tener vidas estables, algunas están solteras, otras con su pareja e hijos pero no esperan que les impongan cambios ni los demás, ni las circunstancias, si tienen rutina simplemente es porque adoran esa rutina y si se convierte en algo pesado actúan para propiciar el cambio. Por otro lado están los que sobreviven, son aquellos que lo que tienen  ya les esta bien, no esperan demasiados cambios, otros les gustaría las cosas cambien algún día y dicen vivir con resignación lo que les ha tocado vivir ahora. A mis ojos de resignación nada, yo le llamo estar apalancado. Cuando oyes hablar a estas personas siempre esperan que el cambio venga de fuera, tienen que venir tiempos mejores, el tiempo todo lo pone en su sitio, cuando... siempre hay un condicionante externo. Siempre suelen estar lamentandose.
Puedo pensar que yo he sido superviviente mucho tiempo, siempre en estado de espera. Pero un día me toco aprender a vivir y descubrí que aquello que me impidió hacerlo antes se llamaba miedo. Perdí la vergüenza a reconocer que lo tenía y ha decir que aun lo tengo. Aprendí cambiar la palabra "no puedo" por decir "lo haré, a mi ritmo, poco a poco, para que se me pase el miedo".
Este ultimo mes en mi vida han habido varios cambios, alguno me lo han impuesto, el más importante lo he promovido yo, me ha costado mucho propiciarlo, siempre tenía la excusa  y la lamentación, estaba "apalancada" como digo yo. Mis excusas, las que quieras, de mis lamentaciones solía hacer chistes. Pero hoy cerré definitivamente la puerta del pasado y vivo en cambio,  hoy de nuevo tengo ganas de escribir. Tengo miedo porque no se como serán ahora las cosas, me tendré que adaptar, lo sé y es lo estoy haciendo. Lo que no recordaba es esa dulce sensación que aparece cuando va retrocediendo el miedo, se llama ilusión.

 

viernes, 20 de julio de 2012

QUÍMICA

La mitad de mi vida ha estado relacionada con la química. Hace diecisiete años decidí seguir esa rama para dedicarme a ella laboralmente.
Visto desde fuera mi única relación con ella es laboral pero la verdad es toda mi vida esta basada en ella. Mi vida y la de todos.
No hace falta que explique como se hacen los niños, pero si tengo claro que de la química que unió a mi padre y mi madre aparecí yo. Luego se ve, que dentro de mi madre también se produjeron otras reacciones que algo tuvieron que ver con mi desarrolló y eso.
Temas bioquímicos aparte, la química a la que yo me refiero es aquella que surge entre las personas, esa extraña conexión que sin explicación alguna, existe desde el primer día que conoces a alguien.
Bien es cierto que hay personas más extrovertidas que otras, precisamente yo soy de esa clase de personas que no calla ni cuando duerme. Me hago amigos en todos sitios y en muy distintas circunstancias. Eso solo es por lo mismo, me gusta hablar, chafardear y criticar. Pero hablando de química realmente la siento con poca gente.
Puede que el caso donde más se evidente es en la intimidad con un hombre, hablo de mi caso, claro, como mujer heterosexual que soy. Puede que tengas al hombre más guapo del mundo contigo, incluso que te de los besos más tiernos que hayas probado pero a la hora de la verdad, se trata de un acto mecánico que si satisface pero sabes que le falta algo o todo.
Entonces es cuando te das cuenta que falta la química, aquella que te hace perder la cabeza, algunos le llaman amor pero yo tampoco estoy tan segura de ello. Lo que realmente pienso es que solo nos podemos enamorar de las personas con las cuales ya hay esa atracción, pero esa atracción o perdición, la puedes sentir sin estar enamorado. Del mismo modo que creo que es imposible que nazca química con el tiempo. Es decir que si es cierto que el roce hace el cariño, pero solo eso cariño.
Pero estas reacciones existen en todos sitios, hay personas con las que convives diariamente, no discutes pero tampoco te entiendes. Hay otras a las que solo ves de vez en cuando pero ese encuentro esta lleno de conversaciones distendidas, risas y buenas energías.
Yo me pregunto si la química puede desaparecer de un día para otro. Evidentemente creo que si las conexiones con el tiempo pueden perderse. Ya que bajo mi punto de vista todos estamos en continua evolución. Pero...¿Puede desaparecer de repente y sin dejar rastros? Creo que eso es imposible. Muchas veces nos queremos convencer de ello sobretodo para protegernos.
Pero los recuerdos siempre quedan y una de las cosas que más me gustan el que al final siempre se quedan los buenos en tu cabeza, eso son para mi los restos.
Cuando te haces mayor, dicen, que te haces más exigente, realmente pienso que inconscientemente dominamos más la química. Queremos que esta sea la más fina posible. Y es entonces cuando te das cuenta que no existe con todo el mundo y lo difícil encontarla.




jueves, 14 de junio de 2012

Mis cruces y el tiempo

Toda mi vida he convivido con un cruz llamada impaciencia. Todo tenía que ser inmediato. Son innumerables aquellas empresas que que abandonado solo porque los resultados de estas no eran inmediatos.
Como innumerables son de disgustos que sufrido porque las cosas no iban al ritmo que yo quería, en el mejor de los casos me enfadaba, en el peor, me deprimía. Solo hoy me doy cuenta que estoy casi en el mismo punto de partida. La pena es que obsesionada con la meta no he disfrutado de los pequeños pasos del camino.
También es ahora cuando soy consciente de toda la energía que he perdido preocupandome innecesariamente por cosas que solo el tiempo iba a poder poner en su lugar.
Ultimamente estoy oyendo mucho la expresión  "perder el tiempo" es curioso como ahora que mi cruz cada vez es más pequeña, soy más consiente de lo que significa esa frase. El tiempo no se me escapa por llegar antes a ningún sitio, el tiempo lo invierto solo en aquello que me hace disfrutar del camino. Porque en esta vida solo hay un final, el resto realmente son etapas y nadie a dicho que  para todos sean las mismas.
Echando la vista atrás solo me quedo con los buenos momentos y de solo me rodeo de la gente que me los proporciona.
Podemos ver esa parte negativa en la que me he convertido en una persona interesada y lo a lo que yo llamo impaciencia se puede llamar inconstancia y falta de voluntad.  Puede ser verdad, aunque a mi a estas alturas... me da igual. Soy la primera en admitirlo, tengo una guitarra  bien guardada, un curso de italiano del que solo he hecho tres lecciones de las cuarenta, cinco libros empezados y tres bufandas a medias por tejer. A eso yo le llamo hiperactividad y falta de tiempo.
Realmente es contradictorio que una persona impaciente, siempre llegue tarde a los sitios. Algunas veces si es cierto que lo hago aposta pero la mayoría de verdad que no. Esa es mi otra cruz.
Un ejemplo de las veces que lo hago ex profeso es cuando quedo con el chico que me gusta, puede que haga dos horas que este arreglada en casa, sentada en el sofá y que me haya fumado medio paquete esperando que llegara la hora, aun así  rara es la vez que yo llegue la primera, no me da la gana que piense que estaba impaciente por verle. Rarezas de una... pero vamos que esas veces son las menos. Lo habitual en mi, es ir siempre corriendo.
De mi otra cruz poco puedo decir, solo me queda disculparme por las esperas,  y admitir que tengo un serio problema para optimizar el tiempo. No soy lenta es que vivo en un universo paralelo en el que el reloj va a su bola.
Entiendo que a la gente le moleste tenerme que esperar, entiendo perfectamente que piensen que soy una impresentable, lo soy, a mi favor solo digo "Nunca tengo prisa por llegar pero tampoco en irme" y puede que ese sea problema.
Hoy me ha tocado hablar del tiempo, porque hacia mucho tiempo que no publicaba nada. Lo dicho este post a tardado en llegar ( me ha salido algo flojo) pero seguro que no sera el ultimo. Así que si estas esperando el próximo viniendo de mi tardará pero seguro que llegará.